Cuando les cuento a mis nietos relatos de mi niñez y de mi adolescencia (tengo siete nietos y 73 años), no les impresiona lo que digo que sentí o lo que cuento sobre mis viajes o mi familia. Pero se quedan atónitos cuando menciono todas las cosas de que ahora dispongo y ellos también y que entonces eran solo argumentos en cuentos de ciencia ficción a los que era y soy muy aficionada.
Y no hablo solo de tecnología, porque pueden comprender que el aparatito que les regalaron hace un año atrás y era lo último de lo último, ha quedado prácticamente obsoleto y el nuevo modelo que acaba de salir a la venta hace 400 cosas más y sobre todo mucho mas rápido.
Por eso le relaté la historia que yo llamo “La pluma cucharita”
Mi nieta mayor tenía unos 11 años cuando le regalaron un conjunto de lapiceras y lápices que incluía una pluma fuente, varios bolígrafos (algunos fluorescentes), microfibras, corrector de errores, borratinta y lápices de colores de varias clases, algunos hasta permitían pintar y luego pasando un pincel se veían como acuarelas.
Yo admiré el regalo y comenté: En mi época escribíamos con lapicera, pluma cucharita y tintero.
Ella me miró horrorizada, como si yo hubiera vivido en la época de las cavernas y me dijo: Abu, ¿que es una pluma cucharita?. Tomé un lápiz negro (que felizmente permanece) y dibujé en un block la lapicera con su correspondiente pluma y el tintero que estaba colocado en un agujero del pupitre escolar o en casa en un frasquito lleno de tinta. Ella siguió mirándome como si de repente al apreciar el salto generacional en la dimensión de la escritura, la brecha que se abría entre ella y yo se hubiera agrandado infinitamente. Le aclaré que no habían pasado mas de 100 años (solo unos 60) y ella me respondió con un tono conmiserativo “POBRE!!”
Repentinamente me cayeron los años encima y casi malignamente comencé a enumerar todas las cosas que mi niñez y adolescencia nunca tuvo.
Le dije: ¿Sabías que cuando era chica no existía el shampoo? Ni la crema enjuague, por cierto. Nos lavábamos el pelo con jabón y nos enjuagábamos con agua con vinagre para darle brillo.
¿Sabías que no había televisión? Ni computadoras, ni reproductores de música, ni pen drives y que teníamos suerte si poseíamos una radio ( solo AM) para escuchar música, novelas, noticias y todo lo demás.
¿Sabías que una carta a España tardaba cerca de un mes en llegar? ¿Que casi nadie tenía teléfono y no existían las computadoras personales, y mucho menos las notebooks?
Desesperada me preguntó: ¿Y entonces como chateaban? ¿Dónde estaba el Facebook, el correo electrónico y los teléfonos móviles para los mensajes de texto?
En la mente de algunos visionarios que con un poco de suerte y mucho trabajo fueron desarrollando esa tecnología. Y chateábamos, si, nos reuníamos a la salida del colegio o en la plaza y chateabamos todo, aunque lo llamáramos “conversar”.
¡Como habrás sufrido, abuela, al no tener nada de todo esto!
No, querida, si éramos muy felices porque no sabíamos ni que podía existir.
Pero igual, créeme, ahora que existe y casi cualquiera puede tenerlo ( por lo menos el shampoo) apreciémoslo y disfrutemos de esos avances científicos y otros aún mas importantes, porque, ¿sabes? Tampoco había antibióticos, ni vacuna para el sarampión o la poliomelitis.
Me miró un largo rato (unos 60 segundos) y salio corriendo a contarle a sus amigas (por Chat) que su abuela, aunque no lo pareciera, era muy, pero muy vieja!!
¿Y saben? Si medimos la edad por los avances de la ciencia, el arte y el conocimiento, yo soy muy, muy vieja.
